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Showing posts from August, 2008

El Cazador de Estrellas

Manolo se sienta a esperar que salga la estrella que ha de cazar. Mira al cielo y saca su tira piedra justo en el momento en que la constelación parece florecer. Puff! Sale la primera piedra: blanca, lisa y redonda. La estrella cae a sus pies: esponjosa, brillante, y humeda parpadea en sus manos tumbadoras de estrellas. Los sueños no dejan de serlo después que se tocan. Despierta.

Ausencia

La promesa de otoño merodea esta mañana fría. El día se complica con la ausencia de tantas cosas que me parecen necesarias: tu cara, tu sonrisa, tus ojos, el lunar en tu dedo. El sol ha pintado el piso de la cocina con precisión y familiaridad, el café sube y llena la casa con el aroma de mi debilidad. Estoy leyendo un libro que me recuerda mucho mi niñez: When I was Puerto Rican, y a pesar de que no soy puertorriqueña puedo indentificarme con casi todo el contenido. Hay días como hoy en los que no sé qué pensar.

Mi vecindario

Me alquilé un cuarto lejos de la perfección, ahí vivo tranquila y con muy pocos vecinos. Es un vecindario agradable, lleno de proyectos por terminar, lo que hace que sus habitantes siempre estemos ilusionados. Allí todo el mundo entiende que la felicidad es un momento, un abrazo, una puesta de sol, un besito robado en cualquier esquina de este vencidario maravilloso. Aquí la gente es muy intensa y cuando entristece, porque hay que entristecer de vez en cuando, se vuelve pesimista, arbitraria, y la piel de los habitantes se vuelve azul. Esto dura unos días y poco a poco van recobrando su colorcito chulo, tocado por el sol. Entonces se vuelve esta gente muy trabajadora y piensa que es invencible y le coge con escribir, con pintar, con cantar, con crear cosas que a veces desbarata cuando se vuelve azul. Las calles de este vencindario son largas y angostas y se carácterizan porque en cada una de ellas hay una bocina gigante, que cuando está encendida reboza la calle de música. A veces sue

Extrañándote mucho

Tambores de mi sangre africana de mi alegría de vivir, recuerdos de mi tierra hermosa y humedecida de bien. Recuerdo de mis playas infinitamente azules, mareas de libertad, de orgullo y soledad. Mi tierra goza de frutos, de almas intranquilas, de versos limpios. Mi tierra y sus colores de humanidad, mi dulce Quisqueya, que me esperas y te vas. Estoy aquí, extrañándote mucho. ©Sussy Santana