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Showing posts from July, 2008

Cotidiano

Las cosa sigue igual por aquí, hay algo de divino en la cotidianidad. Los pajaritos siguen cantando insistentes, el patio está lleno de parchos amarillos por la orina del perro, la poca grama que ha crecido sobrevive a orrilas de los parchos como los guerrilleros de cualquier revolución, con lucha y dificilmente. Las cebollas están creciendo y asoman sus cabecitas amarillas sobre la tierra para emocionarme mucho. Ahora sólo sobrevive una de las matas de rosas, está llena de capullitos rosados, parecen niños envueltos como en los calendarios de Anne Geddes. Al final del patio hay un banco de hierro pintado de verde y amarillo, al lado de éste hay un macetero vacío con la esperanza de que alguien le plante alguna idea. Parece que "el patio de mi casa" no es tan particular.

Mujeres!

¡Mujeres, Amigas! Vengan a protestar conmigo estos engaños de la niñez, del “príncipe azul” que nunca encontré. “No te preocupes corazón que algún día llegará el hombre que siempre soñaste: tu Jack Veneno versión Kent de la Barbie, buen mozo, alto, que no ronca, que no habla mal, que sabe bailar y que paga las cuentas, abre la puerta, jala la silla y siempre te dice salud cuando estornudas. No te preocupes mi amor que ya viene el que te compra revistas y libros, te hace quedar bien, no te deja plantada, el que te encuentra preciosa cuando te acabas de levantar y no le importa que no te peines o que te dejes de sacar las cejas. Un “superman” en la tierra ¿A quién le doy la querella? Al hombre que no conozco le escribo poemas todos los días para agradecerle que me de la pechuga y que le caiga atrás al hombre de las guayabas porque sabe que me encantan. Estoy en espera compañeras, del príncipe azul de la Cenicienta que me venga a rescatar del humo de los carros públicos, de las deudas y

El Horóscopo

Estaba sentada leyendo mi horóscopo, el mismo que no es sólo mío sino también de niños recién nacidos, de asesinos y de tantos muertos. “Una decisión cambiará tu vida,” imagino que tendrá que ver con lo que voy a cocinar hoy. Nunca puedo decidirme, imagino que si no cocino cambiará la vida de mis hijas, se volverían flacas, esqueletos caminando por el impulso del viento. Pero si en cambio es un asesino, del mismo signo, el asesinato cambiará su vida, por supuesto. Y un bebé, recién llegado a este universo de confusión y bien. ¿Cuál decisión cambiaría su vida? Ahora tenemos algo en común, el bebé, el asesino y yo.
Recordaba ayer el día que abrí la ventana de mi casa y me encuentro con la figura infalible del Guachimán de la esquina, el de la casa gigante con tejas anaranjadas y estilo español, de millonarios por supuesto. El "Guachi", como le decían en el barrio, estaba recostado de la monumental muralla, (porque no se le puede llamar de otra manera a la verja de protección). Bueno, la cuestión es que ahí estaba, en toda su gloria, cual soldadito de plomo, cuando llegó la trabajadora de la casa en un motor setenta, con los cabellos inexplicablemente arreglados. La mujer se bajó del motor con el donaire característico de una diosa africana. Le pasa por el frente y ni siquiera lo saluda: ―Tú si te has puesto comparona ―dice el Guachi. Ella sonríe con picardía y sigue caminando con su swing antillano.Al Guachimán se le van los ojitos detrás de las nalgas divinas de la mujer. Ella se pierde detrás de la puerta y él desconsolado canta en voz alta su bachata favorita: "Pena, es lo que s

Las Montañitas